Innovación en el sistema de patentes
Teóricamente, y dicho a lo bruto, una patente servía para proteger, y promover, la innovación. Alguien inventaba algo y lo podía patentar para conseguir un monopolio de explotación de su invento por un tiempo, para recuperar la inversión realizada.
La protección del inventor estaba garantizada por el monopolio exclusivo: solamente el titular de la patente podía explotar comercialmente el nuevo producto, y si alguien también quería hacerlo, tenía que pagar por ello.
La promoción de la innovación venía dada, teóricamente, por la seguridad que otorgaba poder disponer de un tiempo para explotar tu nuevo producto en exclusiva, permitiendo ganar dinero para poder inventar más cosas.
Actualmente, el sistema de patentes ha evolucionado hasta llegar a patentar cosas intangibles como el software o las ideas. Lejos de promover la innovación, la frena sobremanera. Uno de los casos más cómicos lo tenemos en el triángulo HTC contra Apple contra Nokia y el uso innovador que hacen de sus queridas patentes.
Los tres fabricantes de dispositivos móviles se están lanzando denuncias cruzadas, acusándose mutuamente de infringir patentes de uno de ellos, de ambos, o de los tres a la vez. Lo que podría ser visto como la escena de personajes-entrando-y-saliendo-por-puertas-diferentes-cada-vez en una comedia de enredos, no es más que la demostración que ciertas prácticas no sirven para lo que se diseñaron originalmente y que no promueven nada más que la pérdida de tiempo y dinero por parte de los fabricantes, que luego repercutirán a sus clientes.
Como dicen en la feria, siempre toca…. pagar a los mismos.






