Emprender en España
En ella, Vidal comentaba algunos aspectos de su nuevo libro, Contra la cultura del subsidio: la microburguesía low cost y su escasa iniciativa empresarial. En formato electrónico solamente está disponible con DRM castrador, y en papel, 18€.
Vidal asegura que en EH!paña existe un tremendo miedo al fracaso, y que por ello el nivel de emprendedurismo es de los más bajos de Europa. Estoy de acuerdo, aunque añadiría una causa más: el odio al éxito. El modelo del perro del hortelano, que ni come, ni deja comer.
Leyendo los comentarios al post de Vidal descubrí un par que iban más o menos así:
“Como te vayas fuera a montar tus negocios, precisamente ahora que aquí el barco se hunde, luego no vuelvas porque te la vamos a guardar”.
Es decir: intentas montar una idea aquí, pero como nadie te hace puñetero caso (en el mejor escenario, en el peor se ríen en tu cara), tienes que irte a la otra punta del mundo. Pero cuando lo dices, empiezan a salir voces recriminándote, precisamente, que vayas a montar la idea a otro lado. Y cuidadín con que te salga bien y luego te atrevas a volver…
Ese rencor, ese odio al que consigue, o intenta, salir por sus mismos medios del pozo de mierda estancada que es siempre ha sido la piel de toro, es terrible.
En un país de señoritos y conseguidores, al que se atreve a no pasar por el aro le espera la muerte. Social, y a poder ser también económica.
Otro ejemplo lo tenemos en cierta web de enlaces a series y películas a la que un periodista, decidió ‘investigar’, publicando nombre y apellidos de los responsables, nombre de la empresa y, tachán, la facturación mensual estimada, cifra basada en cálculos esotéricos a partir de otra web parecida.
Al rato, los responsables optaron por cerrar algunas de sus cuentas y blogs, supongo que para evitar ser trolleados o que les cayese un DDoS, tan de moda últimamente.
Otra opción más plausible es que estas personas no quieran estar en el ojo público, bajo el escrutinio de la masa de tertulianos, opinadores y demás zombies vociferantes. Por que al contrario que las hormigas, cuando los humanos se juntan en grandes cantidades se crea una “masa” y la “inteligencia colectiva” se convierte en “inteligencia subprime”.
No hizo falta nada de tiempo para que empezaran a salir perlas del tamaño de “quien se esconde, algo tiene que ocultar“, “se está haciendo un wikileaks en directo”, o en acusar a los responsables de gorrones, usurpadores, ladrones y demás lindezas cuando, hace poco menos de dos años, estos mismos opinadores se jactaban de repartir productos parecidos de forma gratuita. Puro matonismo Aprobado Por El Partido®
Tener una empresa en este país es realmente difícil. Trámites lentos, tontos, caros y, a veces, por duplicado. Obviamente, chupando del bote todo hijo de vecino a costa del que tuvo la desfachatez de querer ser diferente.
Cuando la cosa no sale, mismo camino a la inversa. Incluso para cerrar la empresa aparecen amigos de tu dinero por todas partes. Desde el estado al notario, pasando por el gestor.
Pero como la cosa salga mínimamente bien, empiezan a salir críticos, moralistas, investigadores y creadores de opinión que se dedican sistemáticamente a destruir, ladrillo por ladrillo, la casa que uno tardó tanto en construir.
¿Ganar dinero por tu trabajo? ¿Sacar provecho de una idea? ¿Y encima provecho económico? ¡A quién cojones se le ocurre pensar eso! Cerdos empresarios capitalistas… opresores de mierda… ¡Redistribuyamos su riqueza! ¡Colectivización por El Bien Común®!
Ah, y me olvidé del “Y si no es pa mí, no es pa nadie®”.
A nadie le importa lo que factura o deja de facturar tal o cual empresa. Si a alguien le jode que una empresa salga adelante y cobre por sus servicios o productos, pues haber pedido muerte. Creo que en Korea del Norte aún queda algún campo de remolachas sin explotar.
Eso si, siempre es más importante hacer wikilicks a los conseguidores de siempre, y que los que tienen ideas, las llevan a cabo y montan un barquito, al que por cierto ya se encarga El Estado de sablear a impuestos, que estas personas acaben asqueados y cerrando el tinglado (y de paso dejando de tributar esos maravillosos y suculentos impuestos, aunque parece que ninguno de los iluminados lo ha pensado).
O eso, o largarse a otro sitio donde los vientos sean algo más favorables, y la población de zombies sea lo más pequeña y en vías de extinguirse posible. Quizá ésta sea la solución, que la fuga de cerebros creativos aumente a tal nivel que el país se hunda por completo y poder hacer tabula rasa.
Pero conmigo no contéis.
Póster por Red Square @ ThePeoplesCube.com







