Ayer comentaba que el Economist perdía puntos cada día. Empezando por la justicia Gaiesca del milenarismo y pasando por los vendedores de contenido ahumado, hoy el tren del Economist para en la estación de la piratería, pero esta vez, la televisiva.
Si ya es difícil defender los antiguos y obsoletos modelos con falsas acusaciones, que solamente intentan esconder maniobras algo más que de dudosa legalidad y convertir a los ciudadanos en delincuentes, intentar equiparar el efecto Napster con la búsqueda de capítulos de Lost y la piratería es bastante lamentable.
Como dicen en la revista, la mayoría de descargas ‘ilegales’ de episodios de Lost son bien los primeros o los últimos capítulos de cada temporada, en especial esta última por la gran expectación generada pero que finalmente ha derivado en pufo total. Con más de seis meses de diferencia entre el fin de una temporada y el inicio de la siguiente, lo más normal es que uno no se acuerde demasiado bien de lo que pasó y quiera “ponerse al día”. Obviamente, para ponerse al día nadie va a comprar la temporada completa en DVD, a un precio de 50€ que sobrepasa demasiado excesivamente el valor real.
Pero a parte de esto, resulta que Lost ha sido la serie que ha revolucionado la nueva distribución de ‘contenido’ televisivo.
Lost fue de las primeras series que pudieron descargarse desde iTunes. Y por si no fuera suficiente, desde la primera emisión en 2005, los televidentes norteamericanos han podido descargar cada uno de los capítulos, de forma libre y gratuita, al día siguiente de su emisión, directamente de la web de ABC. Los espectadores en el Reino Unido pudieron hacer lo mismo desde 2007, cuando Sky One, la cadena que emitía la serie en las islas británicas cada domingo, permitía descargar libremente el capitulo el lunes.
A partir de aquí, los capítulos de Lost dieron la vuelta al mundo, especialmente en aquellos países donde ninguna cadena de televisión operando en el país había tenido la capacidad mental suficiente para ver que Lost era un caramelo que les proporcionaría muchos beneficios.
Internet no es si no una herramienta que separa el grano de la paja: destrona y destruye a los monopolios e intermediarios que no tienen visión para adaptarse, como la imprenta de caracteres intercambiables destronó, y casi destruyó, el monopolio del saber de la Iglesia Católica.
La falta de visión comercial de los dinosaurios en los grandes grupos mediáticos no ha de ser motivo para convertir a sus clientes en delincuentes. Más que Lost, el ejemplo sería el de Los Soprano. Emitida en los Estados Unidos desde 1999, en España solamente empezó a emitirse en 2008 por televisión de pago. Un retraso de 9 años lo dice todo.
Si ninguna cadena de TV, ni pública ni privada, me ofrece lo que yo quiero ver, me buscaré las castañas yo solo, apartando a los intermediarios que me impiden elegir qué y cuando ver. Los que viven de generar escasez artificial están condenados a la desaparición.
The real threat posed by piracy is not that it threatens television’s current business model but that it makes building a new one more difficult. Aware of the limitations of advertising-supported online video, European media firms are currently testing micropayments for shows. The wide availability of free illegal alternatives may well crimp these efforts.
Ladies and gentlemen from The Economist: you lie more than you talk. When big media corporations fail in distributing their products, people eager to consume them solve that artificial scarcity problem by themselves. It is not the fault of the consumers but of those who think they must decide what, when, where and how we watch TV.